
Una banda generada por IA desafía a Spotify
The Velvet Sundown supera los 850 mil oyentes mensuales sin revelar si sus integrantes son reales o generados por inteligencia artificial.
The Velvet Sundown ha despertado inquietud entre líderes tecnológicos y ejecutivos de la industria musical al acumular más de 850 mil oyentes mensuales en Spotify, sin que exista evidencia de que sus integrantes sean personas reales. La banda, aparentemente generada con inteligencia artificial, ha publicado dos álbumes en menos de un mes, y anuncia un tercero, desatando cuestionamientos sobre la transparencia y la regulación del contenido en las plataformas digitales.
Detrás de nombres como Gabe Farrow, Lennie West, Milo Rains y Orion “Rio” Del Mar, no hay entrevistas, redes sociales ni presentaciones en vivo. Tampoco existen imágenes verificables ni información confiable sobre los músicos. Las portadas de sus discos tienen un estilo surrealista y sus fotografías no superan pruebas básicas de autenticidad. Incluso su biografía en Spotify incluye una cita que refuerza su naturaleza ilusoria: “El recuerdo de algo que nunca viviste, y de alguna manera lo haces sentir real”.
El caso se suma a una tendencia creciente. Tanto Spotify como Deezer han reconocido que los catálogos de música generada por IA están en expansión. A pesar de esto, no existe una normativa clara que obligue a los creadores —humanos o artificiales— a revelar el origen de sus obras. Esta falta de regulación abre un vacío ético que comienza a preocupar a empresas, usuarios y artistas reales por igual.
Para líderes de la industria, el auge de bandas como The Velvet Sundown representa un desafío estratégico. ¿Debe limitarse el uso de IA en la música? ¿Cómo se protege la autenticidad artística en plataformas automatizadas? Además del debate técnico, estas preguntas apuntan a una discusión mayor sobre la identidad digital, la confianza del consumidor y el rol de la tecnología en la creación cultural.
Mientras tanto, la banda publicó en su cuenta de Facebook una críptica reflexión: “Dijeron que no somos reales. Tal vez tú tampoco”. Aunque no hay confirmación oficial de su origen artificial, su caso ya sirve como catalizador de una discusión urgente para el ecosistema digital global.









